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¿El por qué de CTE? FUNDAMENTACIÓN El programa de Ciencias de la Tierra y el Espacio recoge el espíritu de nuestra Constitución y de la Ley de Educación Nro.15.739 al expresar que: “se
atenderá especialmente la formación del carácter
moral y cívico de los educandos...” , tendiendo a “estimular
la educación, valorizar las experiencias del educando y su aptitud
para analizar y evaluar situaciones y datos así como su espíritu
creativo y vocación de trabajo”. Ciencias de la Tierra y el Espacio aparece como el eje vertebrador de los saberes científicos, en una aproximación que promueve la responsabilidad para con el ambiente biológico, la atmósfera, la hidrosfera y la litosfera, estructurada a través de tres grandes temas: • el
origen y dinámica del Universo, Estos temas se entrecruzan e interconectan junto con las grandes preguntas sobre la evolución del Universo, de la Tierra y de las formas vivientes. El desarrollo de nuevos conocimientos provenientes del estudio de otros integrantes del Sistema Solar y de nuestro planeta ha mostrado que éste es mucho más complejo, activo e interactuante de lo que se creía. Los cambios en él, tanto por causas naturales como humanas, son cada vez más dramáticos y afectan simultáneamente los “territorios” de todas las Ciencias. En este nuevo contexto se percibe que la evolución de la Biosfera es determinante para la existencia de vida en el planeta (hasta el momento, el único conocido capaz de sustentarla). Los avances en Astrofísica, Geología, Geografía Física, Climatología, Biología, Física y Química conllevan la necesidad de generar espacios de entronque multidisciplinario en el que cada ciencia aporte, desde su especificidad, una visión de los problemas en una aproximación conceptual integrada. Las disciplinas tradicionales aisladas no pueden reproducir el conjunto: sus aportes deben canalizarse en abordajes interdisciplinares. En tanto
la visión de la naturaleza se amplía se deben integrar procesos
para seguir construyendo modelos que satisfagan nuestras interrogantes.
Esta visión se traslada a la Enseñanza Media Superior y
se logra, junto a otras asignaturas, Ciencias de la Tierra y el Espacio,
donde se enlazan los conocimientos planetarios con la explicación
de fenómenos que acontecen en la Tierra. Tal es el caso del adelgazamiento
de la capa de ozono, el calentamiento global y el efecto invernadero.
A su vez, no debemos olvidar su relación con el estudio de los
recursos minerales y bióticos, con variadas tecnologías,
entre ellas los satélites artificiales y las estaciones orbitales
que nos ayudan a detectar y preservar dichos recursos, predecir el tiempo
atmosférico, y mantener las comunicaciones. Esta propuesta es también, y sin duda, un invalorable hilo conductor para explicar la necesaria vinculación del aprendizaje de las disciplinas instrumentales que ayudan a resolver los problemas del micro y del macrocosmos y abandonar definitivamente la concepción separatista del mundo terrestre y del mundo celeste. Necesitamos y proponemos una asignatura en la que los estudiantes comprendan la formación de los elementos químicos en la dinámica de la evolución de una estrella, su presencia en la composición de los seres vivos, etc., y no solamente como letras en la tabla periódica. Un espacio en el cual relacionen las leyes del movimiento y las fuerzas magnéticas y gravitatorias a procesos naturales y universales, aceptando la posibilidad de existencia de vida no basada en la presencia de carbono o a condiciones de temperatura y presión terrestres. La educación, además de promover la abstracción en el conocimiento, debe enseñar a contextualizar, concretar y globalizar. Ésta, a través de las Ciencias de la Tierra y el Espacio, permite al alumno acceder a un cuerpo de conocimientos integrados en temáticas actuales, cuyas imágenes se reiteran en documentales e informativos eliminando el divorcio creciente entre la cultura humanística y la tecnocientífica. Entendemos la educación científica enmarcada en un concepto de “Ciencia para todos” que facilite en los jóvenes la comprensión del mundo en el que viven, los modos en que se construye el conocimiento científico, las interacciones entre Ciencia Tecnología y Sociedad. Existe un amplio consenso en torno al hecho de que el nivel de comprensión pública de la Ciencia es determinante para una participación plena y responsable en la toma de decisiones que afectan a la sociedad en su conjunto. Se propone un espacio de integración y reflexión necesario para que los jóvenes comprendan el impacto de su civilización sobre la naturaleza y la desde una perspectiva comparativa mundial y evolutiva sobre la identidad de nuestra especie. Estos temas implican la salida de nuestra escala en sus dimensiones espacio-temporales, permitiendo que nuestros alumnos se planteen preguntas que en algún momento (si no ya) la humanidad deberá responder, y que necesitan de una profunda clarificación ética. El alumno podrá identificar a su planeta como un sistema no aislado que interactúa con su entorno lo cual genera una visión global y enriquecedora del mismo, ayudándole a razonar lo más ajustadamente posible sobre ello y a desarrollar la capacidad de representaciones espaciales. Los conceptos
adquiridos en el liceo serán útiles a los futuros ciudadanos
en sus diversas actividades. Es por esto que la propuesta se dirige a
la educación en cultura científica y tecnológica,
a una verdadera alfabetización científica, basada en las
interacciones de las distintas disciplinas, en sus normas, en sus formas
y recursos para la búsqueda del conocimiento en sus valores, su
ética y en sus riesgos potenciales o reales. Si bien esta fundamentación maneja aspectos en los que todos coincidimos es evidente la necesidad de plantearnos abordajes más prácticos para posibilitar el pasaje de estos objetivos al aula. Mapa conceptual de posibles interrelaciones. (Gonzalo Tancredi). Posibles contenidos guías (Gonzalo Tancredi). |